Teorías o reflexiones de la cultura de la economía colaborativa III

En la era “pre-digital” para desplazarnos para trabajar a lugares alejados a nuestra residencia nos poníamos en contacto con otros compañeros y compartíamos el coche por días, semanas…, si alguien no tenía coche, pagaba la gasolina; en los años 80, en Estados Unidos, se pusieron de moda los Bancos de Tiempo, en muchos casos “seniors” expertos ayudaban a otros a cambio de otras ayudas o incluso por nada, siendo la gratuidad una de sus características.  Hoy con una economía en “crecimiento negativo” (la crisis de toda la vida) jubilados experimentados colaboran con empresas o emprendedores ( los autónomos de antes),  y les ofrecen sus conocimientos adquiridos a lo largo de toda su vida contando como recompensa el sentirse útil y el haber sido partícipe  del éxito de un proyecto empresarial. Junto con estos sistemas tradicionales conviven plataformas tecnológicas que facilitan e impulsan estos y otros intercambios de servicio o productos y la fuerza del marketing lo ha llamado “economía colaborativa”.

La “economía colaborativa” tiene varios mensajes: a) no tienen nada que ver con la perversa “economía capitalista” b) viene a mejorar la calidad de vida c) carece de ánimo de lucro y d) es inocua para los mercados.

Estos mensajes han calado como consecuencia del “crecimiento negativo de la economía”, de una excesiva manipulación del lenguaje y a la buena prensa recibida, que no habrían sido suficientes sino fuera porque vivimos en la “sociedad de la conectividad”. Estos mensajes han generado la opinión de que no es más que un método alternativo de intercambio de productos y servicios entre particulares restringido al ámbito privado, progresista y con escasas o nulas pretensiones lucrativas.

Las plataformas tecnológicas son las fábricas de antes o de hoy, con menos grasa, sin estanterías para guardar los productos y sin vestuarios para los trabajadores, sus servicios son los productos que usted tiene previsto compartir o distribuir y por dichos intercambios perciben una comisión o cobran por la publicidad que se ve obligado a ver en la web o por la venta de los datos que gestiona o por todo ello. Sin duda, el fin empresarial queda difuminado en una marca potente, en el mensaje de la web y las redes sociales, pero no pasa desapercibido para los fondos de inversión o de capital riesgo baluartes del capitalismo.

Dicen que viene para mejorar la calidad de vida, y puede ser, hay que ser prudente con los cambios pero no tenerles miedo, pero, tampoco todo cambio es siempre un avance.  Debemos tener en cuenta que en muchos casos hay negocios o sectores sujetos a concesión o licencia administrativa y efectivamente en muchos casos se encuentran protegidos por normas que fomentan el monopolio u oligopolio y restringiendo la competencia y, no siempre control de acceso y las barreras de entrada son perniciosas ya que estas políticas buscan proteger un bien superior y que en definitiva son los derechos de los usuarios y consumidores, ya que lo que se busca es la persistencia y permanencia del servicio más allá de modas puntuales.  Con las normas proteccionistas se permiten el control del precio final o que se presten los servicios con unos parámetros de calidad, o el cumplimiento de unas determinadas normas de protección de colectivos o de seguridad. como pueden ser las urbanísticas, y de los trabajadores, en muchos casos se exige ,el cumplimiento de otras servidumbres o servicios complementarios no tan lucrativos e incluso deficitarios que no  convencen ni ofrecen las plataformas tecnológicas.  Se trata de normas que pretenden la permanencia del servicio más allá de las modas y la oportunidad económica en beneficio de la calidad de vida.

Cada cierto tiempo se hace correr el rumor de que por usar una determinada red social o un chat o plataforma nos van a cobrar pero esa sería la peor decisión empresarial que pudieran tomar los responsables de la plataforma, ya que el verdadero producto es poner en valor los productos de los usuarios que se registrados, su verdadero activo son los usuarios se dan de alta gratuitamente. Las plataformas carecen de vehículos, no los debe mantener y prever sus gastos, ni cuentan con conductores a los que pagar sus nóminas ni sus seguros sociales ni estar atentos a sus contingencias, también carecen de inmuebles, ni han de hacerse cargo de los gastos de la comunidad, ni han de mantenerlos,  tampoco han de soportar los gastos de personal de mantenimiento y recepción; ni cuentan con fotógrafos ni amigos y a cambio de que usted les haga todo eso para ellos, además, cobran una comisión por el servicio que “ustedes” realizan o por vender espacios de publicidad en las páginas que “usted” mantiene.  No cabe duda de que tiene impacto en el mercado, no voy a decir si negativo o dinamizador eso merecería otra serie de artículos, pero me atrevo a decir que más que “economía colaborativa”  podríamos decir que estamos frente a  ejemplos de economía de aprovechamiento ajeno y especulación y más cuando se realiza en un sector sujeto a concesión o control administrativa.

Reconozcanme que la sociedad se encuentra en continuo cambio y lo que hoy es moderno e innovador mañana ya esta trasnochado y que modernidad, innovación, tradición, tecnología deben convivir armoniosamente para asegurar la protección a los operadores, y los  consumidores. Y para que eso sea posible hay que regalarlo y posicionar a cada uno en el mercado; sabemos perfectamente dónde ubicar a los oficios y servicios tradicionales pero no tanto a los nuevos basados en la tecnología y la conectividad y más cuando desde estos sectores afirman que no persiguen fines lucrativos y que sus ingresos lo son únicamente para cubrir los gastos de la plataforma, para el pago de los administradores, programadores… etc de la web, al mantenimiento del servicio, al desarrollo y un pequeño beneficio para seguir creando nuevos servicios; lo cual, no es distinto a que lo que hace cualquier otra empresa pero utilizando un lenguaje tradicional, “no colaborativo”: pago de la hipoteca o alquiler del local o nave, al pago de las nóminas de los trabajadores, a la inversión en equipos y desarrollo o al reparto de beneficios de los socios. Sin duda es legítimo y además necesario, para que perduren y creen un tejido industrial, si realmente no tuvieran interés o ánimo de lucro les insto a que sea verdaderamente gratuita y que no perciban comisiones ni ingreso alguno. Definitivamente las plataformas P2P el producto: el compartir el vehículo, el inmueble, la red social etc es el medio, no el fin, éste es la necesidad de transformar un producto en un servicio atractivo, crear una necesidad para los  usuarios/clientes y comisionar por ellos.

Dicen que en España el 53% de los españoles están dispuestos a alquilar o compartir sus bienes, lo que no dice el estudio de la consultora en qué grado se cumplen los requisitos legales por los que ahora alquilan o comparten sus bienes. Y así saber cómo es de inocuo para los mercados. Hay plataformas que ponen en contacto propietarios de inmuebles y huéspedes, se trata de un nuevo modelo de negocio que afecta sin duda a las redes reguladas de hospedaje, les restan clientela, ausencia de controles de seguridad pública,  molestias para el resto de los usuarios, etc, recientemente hemos leído que Nueva York va a sancionar a los dueños que alojen en su vivienda, mediando precio a huéspedes por menos de un mes, y en este punto comparto la idea de que es imposible ponerle puertas al campo y que la economía y las normas deben saber actualizarse a las tendencias para que convivan ambos modelos, pero dicho esto los negocios deben cumplir los mismos requisitos legales que les exigimos a los tradicionales: comunicación o autorización administrativa, control de licencias urbanísticas, de acceso de personas de movilidad reducida, incendios, control de los huéspedes, higiene, seguridad del resto de los huéspedes y vecinos del resto de los inmuebles, respeto de los derechos sociales y laborales de los trabajadores, cumplimiento de las obligaciones y tributarias etc. Puede ser que cumpliendo todas estas exigencias y además pagar la comisión de la plataforma, el negocio ya no sea tan redondo o rentable, pues entonces, lo que hay no es “economía colaborativa”, sino “economía especulativa, defraudadora y antisocial”

Estamos viviendo una transición en los modelos tradicionales hacia un nuevo modelo de negocio que desplaza pero que también convive con el anterior y al que le tocará ser desplazado más adelante por otro más innovador. No podemos cerrar los ojos y obviar que el actual modelo de “economía colaborativa” se ha introducido ya en una docena en sectores diversos, en el transporte, el hospedaje, la comida o el periodismo y que lo hará en otros; sin embargo, Europa continúa sin posición sobre cómo tratar estos modelos de negocio, muchos, no todos, especulativos, al margen de las normas jurídicas y con escasa protección para los consumidores y tenemos la oportunidad de liderar el cambio para que con los cambios legislativos y los controles necesarios para que las plataformas y negocios que sepan adaptarse competir en el mercado con las mismas reglas sean capaces de rivalizar y perdurar y aquellas que no, sean expulsadas del mercado o enviadas al contenedor de las empresas especuladoras y fraudulentas.